martes, 31 de diciembre de 2019

2019

Año impar, año raro. No puedo decir que haya sido enteramente malo, pero tampoco bueno. Lloré, demasiado. Reí, pero no tanto. Pensé, hasta dormirme.
Cada vez que empieza una año imagino que va a ir por un lado y siempre termina por otro. ¿Es bueno? ¿Es malo? No lo sé, pero me gustaría al menos por un vez poder tener más control.  ¿Será que imagino mucho? Sé que mis expectativas son altas-capaz demasiado- y ello conlleva a decepciones. No una, ni dos, muchas.
Me repetí una y mil veces las mismas frases creyendo que de esa manera podría engañarme. Funciona por un tiempo, breve, pero no puedo engañarme por siempre.
Me la pasé corriendo de acá para allá, y solo cuando pude parar un poco comencé a pensar que algo podía cambiar, que por una vez tendría algo diferente, algo bonito. Lo imaginé, con muchos detalles, pero no salió de mi cabeza. Aún espero que suceda-de tonta, claro está. Sería un milagro o una locura, aún así no puedo sacarlo de mi cabeza.
Tengo duda, desconfianza, miedo y confusión. Estaba dispuesta a arriesgarme pero ahora ya no sé. ¿Por qué no puedo simplemente dejar que las cosas sucedan? ¿Todo tengo que analizar?
¿Así lo quiere el universo? Me hace ilusionar, me deja imaginar y fantasear cómo podría ser pero jamás vivirlo. ¿POR QUÉ? ¿Solo merezco lo malo? Me repito que ya vendrá algo bueno, pero no puedo evitar pensar si es mentira, si me lo digo solo para callar pensamientos de mierda pero reales.
Pensé que esta vez era diferente, que perdería algo -o varias cosas- pero a modo de recompensa recibiría algo mejor. Otra vez, me equivoqué.
Los últimos días han sido una mierda, intenté justificarlo 'se termina el año, estoy cansada'. Sí, estoy cansada. Eso es verdad. De intentar, de creer, de hacer y que siempre todo sea una mierda.

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